La Organización Mundial de la Salud, define la sexualidad como la integración de los aspectos somáticos, afectivos, intelectuales y sociales del ser sexuado, de tal modo que de ello derive el enriquecimiento y desarrollo de la personalidad humana, la comunicación y el amor.
La Sexualidad de las personas con discapacidad es una realidad, con demasiada frecuencia, ignorada. En los últimos años se ha dado importancia a la integración de las personas con discapacidad en todas las áreas de la vida cotidiana, proporcionando oportunidades educativas para lograr su integración laboral, dejando de lado el reconocimiento a sus derechos sexuales y reproductivos.
Hablar de sexo con absoluta normalidad, sigue siendo una asignatura pendiente para nuestra sociedad, pero aun más si hablamos de sexo y discapacidad.
Es imprescindible que exista una buena educación social y sexual para la persona con diversidad funcional, solo así podemos romper con muchos prejuicios en torno a este tema. La sexualidad es una realidad de todas y todos, con y sin discapacidad, por lo que reconocerlo es un derecho.
Muchas veces la violación de estos derechos nace desde el entorno familiar, la sobreprotección hacia la persona con discapacidad, y por supuesto desde muchas instituciones sanitarias, anulando su capacidad sexual y el derecho a las mismas oportunidades que el resto de las personas.
Este reportaje pretende plantear la sexualidad humana desde una perspectiva que va más allá de lo genital desmentir la falsa idea que las personas con diversidad funcional son personas asexuadas. Se deben conocer las distintas formas de ejercer este derecho, ya sea a través del tacto, caricias, miradas, afecto. Y por ultimo eliminar los estereotipos que los señalan como seres infelices en sí mismos, dependientes y con pocas o nulas posibilidades de desarrollarse plenamente en una sociedad pensada para quienes entran en la categoría de los “normales”.