¿Se imagina cuánta basura puede generar una ciudad como El Cairo con más de 20 millones de habitantes? La urbe más grande de África es una de las más sucias del mundo, produce 16 mil toneladas de desperdicios al día. Más de la mitad los recogen y reciclan los zabbaleen, “la gente de la basura” en árabe, son improvisados basureros que no están reconocidos por el gobierno egipcio y que gracias a su labor no sólo han conseguido altos niveles de reciclaje sino también su principal modo de subsistencia. Donde muchos ven basura estos recolectores han visto oportunidades.
En un país en el que el 90% de la población es musulmana, los zabbaleen son cristianos coptos, unos 75.000, y se asientan en las faldas del monte de Mokkatan, lugar que todos conocen como “Ciudad de la Basura”. Montones de desperdicios dibujan el skyline del barrio, un entramado de calles sin asfaltar ni civilidad en el que el hedor lo impregna todo. Se hace insoportable convivir con ese olor a fermentado tan penetrante. Y esto es así porque los zabbaleen han llevado el vertedero a sus propias casas. Las enormes bolsas de basura colman casi todos los lugares, las calles, los bajos de las casas e incluso los tejados, y una fauna semi urbana de ratas, gatos, perros, cabras y algún que otro cerdo vagan entre ellas buscando algo con que alimentarse. Pero pese a las pobres condiciones de vida los recolectores se han ido organizando en un sistema de reciclaje muy eficiente cada vez más industrializado.
Cada día cuando amanece, padres e hijos se acercan hasta El Cairo en sus destartaladas furgonetas o en rústicos carros de madera tirados por burros, recogen casa por casa la basura y la traen al barrio. Una vez allí, mujeres y niñas son las que se encargan de separarla y clasificarla por tipos de material. Rebuscan entre las putrefactas montañas de basura para sacar todo lo que se pueda reciclar y sobrevivir con su reventa. No usan guantes ni mascarillas, así que esta forma de trabajar -y de vivir- supone un foco de contaminación constante, por eso las enfermedades derivadas de la falta de higiene y de la pestilencia diaria son las grandes preocupaciones de los zabbaleen. Brahit lleva 40 años trabajando en la basura, tiene hepatitis C y problemas pulmonares pero el escaso sueldo no le alcanza para costear los medicamentos que necesita “es difícil tener salud en un trabajo como éste”. Su hijo Hakim de 13 años, le ayuda, él dice que está feliz trabajando en la basura porque “es dinero para mi y para mi familia”. Hace dos años le atropellaron mientras recogía bolsas, el conductor se hizo cargo de la operación, ahora enseña sin pudor las huellas en su pierna. No quiere estudiar, su sueño es poder seguir ayudando a su familia.
La falta de escolarización es un problema en la comunidad y el analfabetismo está muy presente en los niños, siempre con sus pies ennegrecidos y las ropas sucias, pero los zabbaleen están orgullosos de haber levantado este microsistema.
Quizás se pregunten porqué se les discrimina cuando su labor es fundamental para El Cairo, sin embargo las administraciones no parecen presentar ninguna solución al respecto. Un dura forma de vida que es la supervivencia de esta gran comunidad de El Cairo.
María Cuevas